domingo, 23 de enero de 2011

EL AMIGO DE MARTÍN


Durante el recreo, los niños se dividían en dos bandos, los que jugaban en los balancines del patio delantero y los que se escondían en el pasillo de árboles del segundo patio para asustar a las niñas de uniforme. Martín y Julio, eran del segundo bando. Eran de los que se esperaban agazapados en los últimos árboles y al pasar ellas, salían tras sus faldas, a veces sin aguantar las carcajadas, para levantárselas cuando estaban ya muy cerca. Todas salían corriendo y ellos las perseguían hasta alcanzarlas. Pero en aquel recreo, Martín se quedó en el primer patio jugando con los del otro grupo, Julio estaría enfermo pensó. Al llegar a casa se pasó la tarde balanceándose con Lupo, un caballo de madera que en algún lugar había perdido su cola.

Los libros de Julio siguieron en la mesa que compartía con Martín y allí permanecieron una semana más hasta que la maestra decidió guardarlos en el armario del cuarto de los murales.

Las jornadas en el colegio, comenzaron a ser aburridas. Pronto llegó la primavera y las niñas llevaban la falda más corta que nunca pero sin Julio, no había con quien jugar a perseguirlas hasta hacerles enfadar.

En aquella mañana de jueves, mientras la campana terminaba de sonar en el patio trasero, Martín llego de nuevo al colegio. Entró en clase siguiendo la fila y al acercarse a su pupitre, vio que los libros de Julio estaban allí de nuevo. Miró hacía un lado y hacía otro, se acercó al corro de niños que se agolpaban al final de la clase y entre cabezas vio a Julio, recién llegado. Ha vuelto, pensó Martín y apartó a los que estaban delante para acercarse más y verlo de cerca. Allí estaba su amigo, parecía más alto y vestía diferente. Llevaba una bolsa en la mano y andaba repartiendo algunos dulces entre las niñas.

Todos le preguntaban dónde había estado, si había estado enfermo o de viaje durante todo aquel tiempo. El círculo de niños que lo seguía rodeando era cada vez más grande hasta que la maestra empezó a poner orden para que se sentaran y comenzar la clase.

Martín aguardó cerca de su pupitre, esperando a que Julio se sentara a su lado pero Julio recogió sus cuadernos y sin apenas detenerse, se sentó en la primera fila. El abrigo de Julio estaba al lado de Ricardo,  aquel cejudo que levantaba la mano cada mañana y te mandaba callar, iba a ser sur nuevo compañero.

Terminaron las clases y Martín recogió sus lápices y la bolsa de caramelos que tenía guardada en el cajón. A la salida fue andando hasta casa, arrastrando la bolsa de libros y escuchando al grupo de compañeros que hablaba acerca del viaje de Julio al extranjero y sus nuevas clases de inglés.

Al llegar a casa, la tarde fue larga. Los cuentos se quedaron en un cajón y Martín lloró porque no sabía dónde Lupo habría podido perder su cola y era un caballo cojo.

Martín se sentó en su pupitre, con su nueva compañera Adela y Julio permaneció igual de recto y serio que el día que llegó de su viaje.

Sonó la última campana, era viernes por la tarde. Martín dejó todo en el cajón para salir corriendo escaleras abajo y en el último escalón, Julio lo estaba esperando – Hola Martín, te estaba buscando, aquí tienes un estuche que te traje. Anda tómalo, aquí no tienen estuches tan grandes –  Martín se detuvo cerca de Julio, le miró de cerca y sostuvo en su mano el estuche con letras rojas. Al volverse, escuchó la carcajada de Julio a sus espaldas, mientras pasaba de largo aún más estirado que cuando permanecía en primera fila, acompañado del cejudo de Ricardo.

En la calle hacía demasiado calor y a Martín le apretaba la camisa del uniforme. Al volver a casa se paró en la tienda del tío Alfonso, que le guardaba los cromos que no había vendido durante la semana y algunos juegos de madera para recortar y hacer figuras.

Al llegar a casa, se fue a su habitación y cerca de la ventana, recortó y le dio forma a un trozo de madera y quizás Lupo algún día dejó de ser un caballo sin cola.

3 comentarios:

  1. A veces los caballos pierden sus colas en los momentos más inoportunos, aunque si uno busca bien seguro que la encuentra pronto

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  2. Primaaaaaa, que me he quedado con la intriga...de aquí se puede continuar una segunda parte!!! Muy bien!! Me encanta!!! QUiero mássssssss, continuaaaaa con esta historiaaaaaaaaa. Muaka

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