lunes, 19 de diciembre de 2011

MISIÓN, LA TIERRA

     
     
          
Nuestra nave se posó en un parque cercano a la ciudad de Madrid. Alrededor de él se extendía un río de aguas silenciosas y cerca de allí había algunos árboles que lo protegían del ruido sucio que llegaba de la ciudad. A lo lejos veíamos las torres de los edificios largos a la luz de la luna vieja.
    
             Durante el viaje, cada uno de nosotros tres habíamos ido adquiriendo una forma humana diferente, con el propósito de no resultarles extraños a los humanos, durante el tiempo que estuviéramos en su planeta. Lust era ahora una mujer, de pechos firmes, cabello rizado y abultado y voz dulce. Rost era un ser muy joven, con un cuerpo menudo y piernas cortas que apenas le daban para echar a andar. Yo me miré de arriba y abajo y descubrí que era un hombre, espalda ancha, brazos fuertes y voz grave.  Los  tres nos observamos, sin llegar a reconocernos.


Dentro de veinticuatro horas, nos veremos aquí de nuevo – dijo, Lust.
Cada uno de nosotros, debe de seguir las instrucciones que nos han dado. Desde ahora hasta que abandonemos el planeta Tierra, somos y sentimos como los seres humanos. Debemos de mezclarnos con ellos, descifrar lo que dicen y saber qué sienten. Guardad siempre nuestro secreto porque no pueden saber quiénes somos  advertí a mis dos compañeros.


Hacía mucho calor y el aire pesado iba y venía entre las calles, pegándose al asfalto y a los coches. Se podía oír los sorbos de la gente a sus bebidas frías y el zumbido de los mosquitos inquietos.


Me sentía cansado y hambriento y según nuestras teorías, cuando un ser humano se sentía cansado debía de dormir durante unas horas para poder recuperarse y cuando tenía hambre, era necesario alimentarse a base de nutrientes.


Quería comer algo y comencé a buscar la palabra nutriente en los rótulos de los comercios pero no alcancé a encontrarla. Así que tras mirar entre los cristales de varios escaparates, me asomé a una tienda desordenada,  en la que pregunté si me podían vender algún nutriente con el que alimentarme. El hombre de la tienda me miró con expresión de asombro  y me dio una caja de cartón cerrada, en la que venía escrito en la solapa, Barritas de cereales energéticas, para cualquier hora del día. Abrí la caja, le quité el envoltorio de plástico y mientras caminaba entre los callejones sombreados, me fui comiendo el contenido.


Busqué entonces un lugar donde descansar. Anduve por una calle larga que atravesaba la ciudad hasta llegar a una más pequeña de nombre Hortaleza. Colgando de la ventana de un edificio cubierto de música,  vi un cartel que decía, Hotel & Sauna Alex, un lugar placentero donde descansar. Entré en el hall del edificio.  La sala era amplia, bañada con un perfume que mareaba un poco y había sofás por toda la habitación, con almohadones blandos y las paredes cubiertas de espejos.

Hola, desearía dormir esta noche aquí – le dije al hombre que encontré en la sala.
¿Cuántas noches desea quedarse? – respondió el recepcionista.
Sólo por esta noche.
Perfecto, le tomaré los datos. ¿Qué le puedo ofrecer?  Puede elegir entre diferentes servicios que son, habitación y dos horas de sauna o habitación con dos horas de sauna y masaje relajante en privado. Son las dos ofertas más económicas de este mes. Luego tenemos algunos servicios más completos para huéspedes exigentes. Dígame, qué desea.

Mejor, el más económico – le contesté.
Muy bien, le acompañaremos a su habitación. En el baño encontrará ropa cómoda para bajar a la sauna en cuanto esté listo ¡Bienvenido!  – me contesto mientras cerraba un ojo.


Le di la espalda y subí a la habitación acompañado de otro hombre. Me desvestí en el cuarto de baño y me envolví en una toalla cómoda. La música iba y venía por la habitación, tranquila, dulce.


Al llegar al sótano, la puerta se cerró de golpe. Me adelante unos pasos y crucé el pasillo. Me detuve mirando la primera habitación. Había una enorme bañera, apoyada en el suelo, llena de espuma plateada. Las voces de los hombres que había dentro se mezclaban en el aire, hablando, riéndose, abrazándose. Algunos bailaban y otros se divertían besándose detrás del humo denso de sus cigarros.


Sus risas retumbaban ahora en mi cabeza, entonces el suelo se deslizó bajo mis pies y caí dentro de aquel baño. Delante de mí, en un asombroso baile de cuerpos desnudos, veía las figuras de los hombres enredados entre sí.


Me sentía como si hubiera pasado veinte horas bajo la lluvia caliente del verano. Estaba dormido, pensé.

Me estiré dentro de la bañera azul y unos brazos me rodearon. Eran unos brazos fuertes y musculosos y entonces mi cuerpo comenzó a vibrar y el suyo también.

Permanecí dentro del agua, relajado entre mis pensamientos. Todo esto era emocionante pero estaba confundido. Tal vez aquello que estaba sintiendo era a lo que los humanos llamaban amor o sexo pensé, pero no estaba seguro. Consideré las distintas teorías que teníamos acerca de este capítulo y dejé que bajaran imágenes a mi mente para recordar nuestras investigaciones, pero en ellas sólo veía a un hombre junto a una mujer.  Entonces…


<< ¿Qué era aquello?-  me preguntaba - ¿Eran otros marcianos? ¿O el sexo era entre hombres también? ¿Cómo ocurría todo esto? >>

Casi me eché a reír a gritos. Se me había ocurrido una idea estrafalaria, estúpida. No podía ocurrir así, era improbable que dos hombres pudieran amarse.

>> Sin embargo – pensé de nuevo -  supongamos… que no es así, que uno hombre con otro hombre y una mujer entonces con otra mujer, pudieran también amarse y no hubiéramos contemplado esto en nuestro estudio. Supongamos que nos hemos equivocado, que no tuvimos en cuenta sus fantasías y  deseos y entonces la combinación resultara idéntica.


>> La repuesta era afirmativa. Combinaciones, química, imaginación. ¡Todo era real! No estaba dormido, lo había sentido.


Me incorporé en el suelo y escuché.  La habitación estaba tranquila. Los cuerpos estaban dormidos. El calor estaba muerto. De pronto, tenía miedo.

Di algunos pasos por el pasillo cuando oí una voz masculina, en un cuerpo oscuro.


¿Qué haces?
¿Perdona?


El hombre oscuro volvió a hablarme con voz fría:

Te he preguntado qué haces, a dónde piensas que vas.
A mi habitación.
No, no vas a ninguna parte.


          Comenzó a gritar y a correr por todos los pasillos. Gritó aún más pero no llego encontrar la salida.


Al día siguiente, los extraterrestres se reunieron en el parque cercano a Madrid. Lust y Rost destaparon el cohete escondido entre las hojas y sincronizaron el tiempo. Comenzaron a impacientarse cuando ya sólo quedaban algunos minutos para despegar y su compañero no había llegado aún. Activaron sus radares y buscaron imágenes del extraterrestre. Allí estaba su compañero, desnudo, bañado en espuma y rodeado de hombres que lo besaban y le daban de beber un líquido rojo que lo atontaba.


Lust y Rost se asustaron y subieron a su nave. Alguno de ellos pronunció la palabra activar y la tierra vibró dos veces con su despegue.

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