Me extraño leer mi nombre en el periódico local de aquella mañana, cuando me dirigía en metro a mi trabajo.
“Anoche, Silvia Álvarez, residente en Madrid, sacó a pasear a su perro Bobby, a las nueve de la noche aproximadamente. Bobby orinó en la pared del bloque contiguo a la residencia habitual de Silvia. Es la tercera vez que el perro persiste en apoyar sus extremidades en la fachada de este edificio. En todas las ocasiones este acto ha dejado una mancha oscura en las paredes”
Una imagen mía en vaqueros paseando al pastor alemán, aparecía en la sección de noticias locales.
Seguí leyendo “Aún no conocemos la edad del canino, ni cuándo Silvia lo adquirió. Hemos entrevistado a una amiga de Silvia para conocer más datos acerca de la vida de nuestra protagonista pero no ha sabido decirnos desde cuándo Bobby forma parte de la vida de su amiga”.
Más abajo había una fotografía de Bobby, siendo cachorro.
Miraba la imagen y no me podía creer que un periódico se pudiera interesar en una noticia así, qué sentido tenía. Me habían seguido, conocían mi nombre y el nombre de mi perro. Comencé a imaginarme a unos periodistas hurgando en mi buzón, mirando mi perfil en las redes sociales, conociendo mis gustos.
A pesar de todo, aquella situación parecía real, mi fotografía, mi nombre en el periódico…Esto no puede estar ocurriendo, me decía a mi misma.
El metro llegó a mi estación, cogí mi bolso y me bajé al andén. Meditabunda, comencé a reírme entre dientes y a pensar < ¿Y si fuera cierto que los vecinos de aquel bloque hubieran visto a Bobby y supieran que había manchado la pared? > Seguí riéndome.
Llegué a la oficina y me mantuve pensativa todo el día. Al día siguiente, al coger el metro de nuevo, volví a leer una noticia sobre mí en el mismo periódico local.
Ayer Silvia Álvarez volvió a pasear a su perro.
“Tras regresar de su trabajo, se constató de nuevo la presencia de Silvia Álvarez paseando a su perro por las cercanías de su residencia. El pastor alemán de pelo oscuro, se volvió a precipitar por las calles contiguas al domicilio. Mientras, su dueña seguía sus movimientos a escasos metros. No se ha podido verificar si el canino se aproximó, en esta ocasión, al bloque de viviendas que quedó manchado las noches pasadas.
En relación a Silvia, hemos conocido más datos acerca de la misma. Se sabe que muestra interés por los pintores impresionistas, la voz profunda de Nina Simone y entre sus proyectos podría estar seguir descubriendo el mundo. Si algo le gusta de los demás a Silvia, es disfrutar de lo que tienen que contarle”
Al lado del artículo había otra fotografía mía entrando a una librería y en el pie de página escribieron: “Uno de los escritores preferidos de Silvia, es Stefan Sweig”. En esta ocasión, no mostraron a Bobby, así que el centro de la noticia era mi vida, no los actos de mi perro.
Tal vez, alguno de los vecinos de aquel dichoso edificio vio a mi perro mearse en su fachada pero ¿era aquello tan grave, como para indagar y publicar mi vida en un periódico? ¿Cuánto costaba esa pesadilla de broma?
Bajé del metro y me dirigí a la salida más cercana a mi oficina. En los tablones publicitarios de los pasillos subterráneos, colgaron mi misma imagen con un mensaje, “Su color preferido, el azul. Su flor más preciada, las rosas rojas. Y si pudiera volar, sería un halcón. Un defecto, echarse en el plato más de lo que puede tragar”
Eché a correr. El que estuviera detrás de esto, era un miserable.
Al llegar a la oficina, estaba sudando y acelerada. Sin embargo, el ambiente era normal. No noté nada extraño aunque los que llegaron más tarde que yo, me sonreían inevitablemente.
Durante la tarde, mi jefe me llamó a su despacho. Me comentó un par de temas pendientes y al terminar, se me acercó y me dijo:
- A mí, la publicidad gratuita sobre uno mismo me da igual, pero ten cuidado con tus hábitos sociales. Uno se expone a la opinión pública y acaban contigo.
No supe qué decir, me levanté y me fui a casa andando. No quería toparme con más posters publicitarios en el metro.
Al llegar, el portero tenía puesta la radio de fondo. Cuando terminó la publicidad, comenzó una noticia nueva:
“Durante el día de hoy, Irán ha declarado públicamente su lucha contra la muñeca Barbie. La policía de la moral no quiere que las niñas iraníes jueguen con esta muñeca. Así se lo han recordado sus agentes a los vendedores de muñecas de Teherán esta mañana. Durante las próximas semanas este símbolo de la provocación y el capitalismo, será sustituido en las tiendas por juguetes tradicionales de madera, evitando cualquier objeto que pueda estar fabricado con plástico y tenga pelo”
“A continuación, damos paso a las noticias locales. Esta tarde Silvia Álvarez ha vuelto a casa andando. Aún no tenemos claro si los vecinos del edificio seguirán adelante con la queja pública dirigida a Silvia y a su perro. Volveremos a conectar con las calles de este barrio en las próximas noches.
Hemos conseguido contrastar algunos datos más acerca de nuestra protagonista. El ideal de felicidad para Silvia es la libertad, el colmo de la infelicidad para ella es vivir con miedo. Si pudiera ser otra persona, elegiría volver a ser mujer. Un rasgo principal de su carácter es ser intensamente inquieta. Lo que más detesta, la soberbia”
Cerré los ojos y respiré de nuevo. No sabía si estaba chiflada o si me había convertido en un personaje público en unas horas. Estoy totalmente cuerda, me recordaba.
El portero apagó la radio y me miró.
- Vaya Silvia, estaban hablando de ti y de tu perro ahora mismo en la radio. Parece que Bobby ha molestado a algunos vecinos y de ti lo saben todo.
- No pongas más la maldita radio, cuando pase por aquí. Me harías un gran favor.
Pasaban las horas y me iba dando cuenta de hasta dónde quería llegar mi perseguidor pero me resultaba imposible saber quién era. Lo único que se me ocurría era ir al médico y que me recetara algo para tranquilizarme.
En el centro médico, me senté en la sala de espera durante un rato hasta que me llamaron. Mientras, la enfermera ojeaba un periódico local cuando entré en la consulta.
- ¿Qué te ocurre? - Me preguntó el médico.
─ No sé cómo explicárselo, pero hace un par de días los periódicos locales y la radió comenzaron a dar noticias sobre mí. Saben todo acerca de mis gustos, mi personalidad, cuándo salgo de casa. Los vecinos del edificio de al lado, quieren quejarse públicamente porque durante un par de noches mi perro se apoyó en su fachada y la manchó. Creo que me persiguen y tiene que ser alguien que posea el suficiente poder como para poder filtrar toda esa información a la prensa. Me va a dar un ataque de ansiedad y necesito algo para tranquilizarme.
- Ya veo, tendrías que haber venido antes. Sufres algún tipo de alucinación o manía persecutoria. Es un cuadro típico de estrés. Te desviaré al psiquiatra y que te recete algo.
- ¡Un momento! – le grité – Todo lo que le he contado es cierto, no estoy loca. Soy una persona normal a la que están persiguiendo. No soy nadie famoso ¡El que me persigue, sí está loco y no puedo hacer nada!
Se levantó para ir a llamar por teléfono, cuando me acerqué y le enseñe una de las noticias locales del periódico que sostenía la enfermera. De nuevo había otra fotografía mía en una de las columnas y un texto escrito al lado “Tras consultar a gente cercana a Silvia, sabemos que su ocupación favorita es soñar, con los ojos abiertos y cerrados. Sus héroes en la vida real, son las personas valientes y es ésta la cualidad que más admira en hombres y mujeres. Uno de sus lemas podría ser, el que no arriesga, nunca gana. Aprecia que sus amigos, sean gente en la que confiar”
El médico se me quedó mirando pensativo, con los brazos cruzados y la boca un poco entre abierta.
- Entonces, ¿eres un personaje público?
- No, en absoluto - Se lo acabo de decir, no soy nadie conocido.
- Todo esto, me parece un tanto extraño pero te daré algo para calmarte, si es que tu estado tiene alguna solución. Tal vez hayas causado un escandalo público y ahora lo ocultas. Pero te digo, que no quiero saber nada de este asunto. Hoy en día, todo se hace público. A lo mejor el siguiente en ser conocido sea yo por haberte tratado. Aquí tienes tu receta. No puedo hacer más por ti y se discreta, por favor.
Salí de la clínica sin tener nada claro. Estaba aún más confundida y sin saber cómo acabar con todo esto. Volví a casa y salí con mi perro. Tracé un recorrido diferente para nuestro paseo y al toparnos con el edificio dañado, permanecimos mirándolo unos minutos hasta volver calle abajo.
De nuevo, a primera hora de la mañana del día siguiente, publicaron otra noticia en el mismo periódico local.
Los últimos detalles de la historia de Silvia.
“Recientemente, nuestra protagonista y su perro han cambiado la ruta de sus paseos nocturnos. Los vecinos del edificio parecen aliviados con la decisión.
Perfilando los últimos detalles de la vida de esta chica, si tuviéramos que calificar cómo se encuentra Silvia en estos momentos, diríamos que es alguien que se bebe la vida, así que su mayor desdicha sería no atreverse a disfrutarla”
Me asfixie al subir en el ascensor de mi oficina. Al llegar a mi mesa, llamé a mi jefe y le dije que tenía que salir un momento a hacer unas gestiones personales.
Me fui directamente a la empresa que publicaba ese periódico. Mientras esperaba en recepción, me arrepentí de haber ido pero estaba a punto de estallar a gritos. En ese instante, apareció una mujer con rostro serio.
- ¿Qué hace aquí, Silvia?
- Terminar con esto. Quiero que dejen de publicar mi vida. Yo no soy nadie famoso y ahora han provocado que todo el mundo me conozca.
- Efectivamente, usted es una don nadie y creíamos que entendería que aunque lo sea, hoy en día publicar los detalles morbosos de cualquiera, es lo que mayor publicidad tiene. Ese es el valor informativo de su noticia.
- ¿Quién está detrás de todo esto?
- No hay nadie, Silvia, sólo periodistas ansiosos de noticias frescas. Dígame, entonces ¿qué noticias tienen para usted valor informativo, hoy en día?
- Pues no sé…la crisis mundial…una guerra…el hambre en África…dar a conocer la corrupción política…las revueltas sociales…joder, eso debería de importarle a la gente que lee la prensa.
La mujer seguía de pie en frente de mí, mirándome de forma distraída.
- ¿Eso es lo que usted cree que tiene interés, hoy en día?
- Sí, eso exactamente.
- Ya veo, Silvia. Déjeme decirle que vive usted en un universo paralelo. El rumbo de la vida va en dirección opuesta a lo que usted se imagina. Los detalles personales de la gente, como usted, son de lo más sabroso. Minucias sin relevancia que te dejan hurgar en otras vidas y no pensar en la tuya. Vuélvase a casa, ponga alguna cadena de su televisor y viva el presente. Ahora, deje de llorarme, me está haciendo perder el tiempo.
Después de aquello, volví a mi rutina y seguí con mi vida exactamente igual a como lo había estado haciendo hasta ahora. Como suponía, dejé de aparecer en los periódicos. Sustituyeron mis noticias por las de otro chico que vivía en un barrio de Madrid cercano al mío, trabajaba en un banco y le había sido infiel a su pareja con una compañera de trabajo. Lo descubrieron en mitad de la ciudad, besándose en el coche de la chica.
